jueves

.: Anyanka :.

Tengo derecho a la desesperanza. Claro que lo tengo. Porque soy una gran niña mujer. Me transformo en curandera y enveneno a quien me antoje . No tengo obligación de existir ni de creer, solo la impuesta por la sociedad, que ya a esta altura me tiene sin cuidado. Renuncio a la verdad y en ese acto me transformo un agente que vocifera la verdad al mundo.

La vida ha dejado de fascinarme, he perdido la inocencia y solo siento la nausea de la hipocresia deambulante que rodea todo mi entorno, o es que vivo en un mundo atestado de mentiras y caretas? Mientras las mujeres llevan pancartas donde expresan el amor que sienten por los hombres; yo sólo soy la del puñal que rompe los sentidos y sentimientos. Ya no me agoto, ya no te busco; he dejado de anhelarte, cierro tus ojos y desaparezco. La sangre corre, no es la primera vez. Estos son otros cortes, mas antiguos con historia sobre mi piel.

Debo irme: las palabras se tornan confusas e incoherentes, recorro nuevos lugares, rostros con ansias de vivir una vida desdichada, ya estoy en otro lugar, quizás conmigo, quizás en otro calabozo.

Me adelanto al verdugo y separo mi cabeza, hay demasiadas catanas a la mano. ¿Qué es la vida? No me respondas, sería una tiranía de tu parte. Me he despertado de la siesta y he encontrado un avance en la putrefacción del mundo y en mi cuerpo, cada día menos vida, mas cerca del fin pleno ...vamos bien.

Solo encuentro algún misterio en el silencio, en las sombras que desocuparon las voces, en los rincones en donde nunca llega el sol, ahí en esos lugares que me siento cómoda.

Se enciende la luz y la frivolidad me ocupa. Puedo hacerlo porque las pasiones me han abandonado, puedo hacer cualquier cosa porque no creo en nada.